FAVORITISMO

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Hermanos míos, que vuestra fe en Jesucristo glorificado no se mezcle con favoritismos (Santiago 2:1)
 
 
La versión Reina Valera habla de acepción de personas. Consiste en mostrar una parcialidad injusta hacia alguien en función de su condición. Santiago indica al respecto que cuando hacemos eso estamos emitiendo un juicio injusto acerca de esa persona; también nos dice que se trata lisa y llanamente de un pecado. Contrariamente a esta actitud se nos dice que Dios no hace acepción de personas (literalmente la expresión es que no mira con la cara levantada a nadie; un gesto físico que ilustra muy bien el favoritismo). el Antiguo Testamento advierte acerca de ese pecado y los profetas lo condenan. Hasta los propios enemigos de Jesús reconocían que Él no actuaba con favoritismos. Era notoria su vinculación a la gente más despreciable de su época: leprosos, publicanos, recaudadores de impuestos, romanos, paganos y, en general, todo tipo de gente de mal vivir.
La iglesia no está exenta del peligro del favoritismo y de hacer juicios injustos sobre las personas. A la típica acepción de personas en función de su condición social, económica, política o de genero, hemos de añadir también la doctrinal. Si entendemos el favoritismo como un juicio injusto hacia otra persona hemos de reconocer que hay determinados sectores del cristianismo que desprecian a todos aquellos que no comparten su manera -siempre limitada como cualquier otra- de ver la fe. Esos juicios injustos les llevan a condenar y demonizar a todo aquel que no es de su forma de entender la vida y la fe.
¿De qué manera se manifiesta el favoritismo en ti?