Felicidad (Mateo 5:3 y 6:10)

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REFLX 1Las versiones modernas de las Escrituras traducen de forma más correcta el término griego que aparece en el evangelio de Mateo; felices en vez de bienaventurados. La palabra griega “makarios” se usaba por lo general para describir a los dioses; estos eran felices. En este sentido las bienaventuranzas describen el gozo que siente el seguidor de Jesús y que únicamente puede venir de Dios y no de las situaciones o circunstancias que uno vive. El mundo en el que nos ha tocado vivir nos confiere ciertas dosis de felicidad que nos quita con la misma rapidez. Un problema de salud, una situación laboral, una ruptura en las relaciones, un anhelo no satisfecho, incluso un día lluvioso y carente de sol pueden matar nuestra alegría y sumirnos en un estado de frustración, desánimo y desesperanza. Si nuestra felicidad depende de todos esos -y muchos otros- factores que no podemos controlar estamos haciendo una fuerte apuesta por la infelicidad e insatisfacción.

En este sentido las bienaventuranzas, como dice el estudioso de la Biblia, William Barclay, son gritos de triunfo, expresiones de una realidad que ya estamos experimentando y no anhelos para un futuro glorioso cuando estemos en la presencia del Señor. Somos felices ahora y aquí, esa es la promesa y la afirmación de la Escritura. Aunque, sin duda, lo seremos de una forma completa y definitiva allá. Pero es importante para nosotros no caer en la trampa de la felicidad que nos vende y nos ofrece la sociedad de consumo en la que todos nosotros vivimos. Una felicidad unida a la posesión de bienes y experiencias. Una felicidad circunstancial y motivada por el exterior y no que nace desde nuestro interior. Si nuestro anhelo de felicidad está colocado y basado en el espejo social ni seremos felices con ese modelo ni podremos experimentar el ofrecido por Dios.