No descuides el ejercicio intelectual de tu fe

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Tomado de Coalición por el evangelio.

¿Qué es la fe? Este es uno de los conceptos que a los cristianos más nos cuesta definir, porque su sentido varía en la Biblia dependiendo de su contexto, aunque siempre sea la misma palabra: pistis (gr. πίστις).

Hay veces que la palabra «fe» se usa en la Biblia para definir el medio por el cual adquirimos la salvación (Ef 2:8-9). Otras veces se usa para mostrar la certeza y convicción que tenemos en Cristo (He 11:1). También hay casos en los que la palabra «fe» se refiere al cuerpo de creencias y doctrinas que los cristianos tenemos. Por ejemplo, Judas nos exhorta a contender ardientemente por la fe dada a los santos y a edificar nuestras vidas sobre ella (vv. 3 y 20).

En este artículo quisiera enfocarme en esta última connotación de la palabra «fe» porque, al ser el fundamento sobre el cual debemos edificar nuestras vidas, debemos tener una comprensión correcta de lo que significa. Después de todo, no podemos edificar sobre algo que no entendemos.

En este sentido, la fe cristiana tiene un aspecto intelectual. Es decir, los cristianos debemos dedicarnos al ejercicio intelectual de nuestra fe, de forma disciplinada y en dependencia total del Espíritu Santo (cp. Jn 14:26; 1 Co 2:14), para crecer en nuestra comprensión de ella. Por ejercicio intelectual me refiero a la disposición de entender, de manera racional, el contenido de nuestra fe con el propósito de obtener una mejor aplicación y un crecimiento espiritual más sólido y equilibrado.

Nuestra fe no es «ciega», en el sentido de ilógica e irracional, aunque es cierto que nuestra mente humana no puede comprender todas las profundidades de los misterios de Dios y debemos recurrir a la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios (He 11:6). Pero nada de esto quita el hecho de que Dios dejó en Su Palabra muchas verdades que requieren nuestra atención y comprensión.

Por lo tanto, a continuación te invito a meditar en algunos pasajes de la Escritura que nos enseñan sobre la relación entre nuestro intelecto y diferentes aspectos de nuestra fe cristiana:

1. El ejercicio intelectual de la fe con relación a su mensaje
La historia de Felipe y el etíope eunuco es un buen ejemplo de la importancia de conocer y comprender lo que creemos (Hch 8:26-40).

Por mandato del Espíritu Santo, Felipe se acercó al carro de un oficial etíope, quien regresaba de adorar al Señor en Jerusalén. Aquel eunuco estaba leyendo providencialmente sobre el siervo sufriente, en un pasaje que profetiza el sufrimiento y la muerte del Señor (Is 53:7-8). La pregunta de Felipe no se hace esperar: «¿Entiende usted lo que lee?» (Hch 8:30, énfasis añadido). El verbo entender es crucial para lo que sigue en el resto de este encuentro, que culminó con el bautismo del oficial etíope.

Profundizar en la comprensión de la Biblia tendrá grandes beneficios para nuestra vida, a largo y corto plazo

Este entendimiento se refiere a captar el significado o la importancia de algo o alguien: en este caso, del verdadero sentido de las Escrituras. Es evidente que el intelecto es importante para la fe, pues ella está estrechamente ligada a la comprensión de nuestra doctrina. La comprensión intelectual de la fe hace posible la vida cristiana.

Esto me lleva a pensar que hay muchas personas que asisten a la iglesia, pero no tienen mucho interés en entender las verdades bíblicas que componen nuestra fe. Solo buscan una experiencia o un consejo práctico que los ayude en la semana que se avecina. Aunque es bueno buscar la practicidad, no debemos vivir nuestra fe de manera superficial, ignorando sus doctrinas. Profundizar en la comprensión de la Biblia tendrá grandes beneficios para nuestra vida, a largo y corto plazo.

2. El ejercicio intelectual de la fe con relación a los frutos
La parábola del sembrador es una de las más famosas que Jesús enseñó (Mt 13:3-8, 18-23). De acuerdo al relato, la predicación del evangelio del reino es como una semilla que cae en distintos terrenos, que representan diferentes tipos de corazones que reaccionan a la Palabra.

Esta parábola establece un contraste llamativo entre los terrenos que no dieron fruto y aquél que sí. Lo que diferenció al último terreno es que se oyó y entendió la Palabra, produciendo fruto en el corazón del oyente (v. 23). En este caso, «entender» apunta a una comprensión inteligente de algo que incentiva el comportamiento o la manera de pensar de alguien. La parábola lo deja claro: la fe requiere una comprensión intelectual del evangelio para transformar nuestra vida y dar los frutos apropiados.

Quizás una de las razones por la que hoy muchos cristianos llevan una vida superficial y sin frutos es por la falta de un entendimiento profundo del evangelio de Cristo. Por eso, nuestros púlpitos deberían tener más predicaciones que incentiven a los oyentes al ejercicio intelectual de la fe y a la meditación continua en las verdades del evangelio.

3. El ejercicio intelectual de la fe con relación a la santidad
La santificación es un proceso que dura toda la vida: inicia cuando conocemos a Cristo por primera vez y termina cuando partimos de este mundo a Su presencia. Como es un proceso, la Palabra de Dios nos encomienda luchar todos los días por nuestra santidad, haciendo morir el pecado que todavía mora en nosotros (Ro 8:13).

Donde no hay una predicación sólida, habrá una fe superficial y un cristianismo vacío

En esta batalla por la santidad, el intelecto juega un papel crucial. Cuando Pablo describe su vida anterior, sin Cristo, reconoce haber sido un hombre blasfemo, perseguidor e injuriador de la iglesia. No obstante, considera esa época como un tiempo de ignorancia e incredulidad (1 Ti 1:12-15). La combinación de palabras es interesante y demuestra que hay una relación estrecha entre el desconocimiento, la falta de fe y la vida de pecado.

De manera similar, pienso que muchas de nuestras faltas en nuestro camino de santidad tienen que ver con el mismo problema. El pecado que muchas veces nos arrastra suele estar relacionado a nuestra ignorancia en asuntos de doctrina relacionados con ese ámbito de la vida con el que luchamos. En este sentido, el ejercicio intelectual de nuestra fe juega un papel importante en nuestra santificación, porque nos permite entender con profundidad aquellas verdades bíblicas que nos ayudarán a vencer nuestros pecados.

4. El ejercicio intelectual de la fe con relación al ministerio pastoral
Otro aspecto de la vida cristiana donde el ejercicio intelectual juega un papel importante es en el ministerio pastoral. Pablo advierte a Timoteo acerca del peligro que enfrentan las iglesias cuando sus líderes ignoran la fe que predican (1 Ti 1:3-11).

El apóstol dice que hay algunos que «quieren ser maestros de la ley, aunque no saben lo que dicen ni entienden las cosas acerca de las cuales hacen declaraciones categóricas» (v. 7, énfasis añadido), por lo que solo pronuncian vanas palabrerías. La expresión resaltada apunta a que no hacen un razonamiento cuidadoso de la ley y la sana doctrina del evangelio. En el contexto de toda la carta, esta advertencia está relacionada a la responsabilidad de los hombres que enseñan la Palabra, quienes deben poner todo su esfuerzo intelectual en función de la predicación, la enseñanza y la debida aplicación del mensaje de la Biblia.

Es una pena reconocer que la falta de un razonamiento cuidadoso y disciplinado en las Escrituras ha producido, en muchas iglesias evangélicas, que la predicación se resuma en vanas palabrerías. Donde no hay una predicación sólida, habrá una fe superficial y un cristianismo vacío.

5. El ejercicio intelectual de la fe con relación a la adoración
Por último, la aplicación intelectual a nuestra fe se describe en la Biblia como un acto de adoración. Pablo nos anima a presentar nuestros cuerpos «como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es [nuestro] culto racional» (Ro 12:1, énfasis añadido). La idea de «racional» debe ser entendida como algo que ha sido pensado y analizado de manera cuidadosa.

La adoración verdadera debe ser un acto inteligente, donde nuestra mente está totalmente involucrada

Con relación a esto, John Stott argumenta, en su comentario El mensaje de Romanos, que la adoración verdadera se ofrece con la mente y el corazón en sentido espiritual, en contraste con la adoración vacía y ceremonial. En otras palabras, la adoración verdadera debe ser un acto inteligente, donde nuestra mente está totalmente involucrada (cp. 1 Co 14:15). La expresión «racional» tiene especial sentido en el contexto de una carta repleta de teología sobre la justicia de Dios en Cristo. De modo que, si nos esforzamos por profundizar en la comprensión de nuestra fe y doctrina, podemos trabajar mejor en nuestras disciplinas espirituales y llevar vidas que glorifiquen a Dios.

A la luz de la importancia que tiene el ejercicio intelectual, podemos reconocer que es nuestra responsabilidad, como hijos de Dios, ejercitar nuestras mentes en las verdades de la Palabra de Dios. La conexión entre la fe y el intelecto es necesaria para un crecimiento sólido y equilibrado en la vida cristiana.

Samuel García es pastor de educación y alcance en la Iglesia Bella Vista, ministerio hispano de la Iglesia Bautista Bellevue en Memphis, TN. Estudia en el SBTS, haciendo un PhD en Teología Sistemática. Casado por 15 años con Janet García, tienen dos hijas: Sarai y Sophia. Nacido en Cuba, se mudó a los Estados Unidos en 2010. Fue ordenado al ministerio en Miami, en 2012. Tienen un ministerio que se llama “Conocimiento y Carácter”. Puede seguirlo en Twitter.